El 2,3 % de subida que refleja el IPC de febrero se verá alterado este mes con fuertes aumentos en energía y comercio por la guerra

El IPC de febrero, que se mantiene en el 2,3 %, como en enero, nos parece ya un dato del pasado y que poco refleja la realidad que, desde hace unos días, viven los bolsillos. Porque ese 2,3 % saltará por los aires nada más que conozcamos la inflación del mes en curso y los efectos que el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ha ocasionado en todo el comercio y la energía a nivel global.

De hecho, en febrero, una de las variables que contuvo el IPC fue que la electricidad subió muy por debajo de sus niveles previos. La energía para el hogar, sin embargo, muy condicionada por el gas, es posible que sea uno de los conceptos que más asfixie la economía familiar a partir de ahora.

Por otro lado, los alimentos siguieron su tendencia de los últimos años, por encima de la media, en un 3,2 %.

“Europa tiene que poner pie en pared y decir con rotundidad que el único orden mundial que sirve es el de la paz y el desarme. Que tenemos que aflojar la tensión e insistir en que el mundo no se puede ordenar en función de la capacidad destructiva, a base del sufrimiento de la gente. Incluso aquí estamos empezando ya a sufrir sus efectos, en forma de subidas de precios básicos”, defiende Joaquín Pérez, secretario general de USO.

Control de precios y rebaja fiscal, pero con vigilancia

El dirigente sindical recuerda que “nos tocó decir lo mismo hace apenas cuatro años, con la invasión de Rusia a Ucrania. Esa guerra, lejos de solucionar el conflicto territorial, ha empeorado y cronificado el problema, como siempre que se apuesta por la fuerza y la violencia. Pero, aunque nos miremos únicamente el ombligo porque los frentes están muy lejos, también debemos plantarnos contra estas políticas imperialistas y expansionistas, porque acaban por golpearnos a todos”.

Por ello, Joaquín Pérez valora “que ya se haya empezado a hablar de medidas para frenar o aminorar las subidas de precios de productos básicos. Pero también queremos dejar claro que las bajadas de impuestos, sin control, pueden suponer un alivio de semanas, pero un empobrecimiento de las arcas públicas a largo plazo, en favor de los grandes beneficios empresariales. Apostamos por los tipos superreducidos de IVA o para alimentación y otras necesidades esenciales, pero controlando y multando, si hiciera falta, a quienes absorben ese recorte en su beneficio”.